Los trajes y las maneras de otras épocas,
la musica en la plaza, el dux, Quasimodo en gloria,
un león obsceno eructando, el aleteo de un abanico,
el baile embriagador,
los reojos y la risa loca.
La libertad y el vértigo de no ser más uno,
como acercándose a la muerte
(Borges dijo “la muerte que no conocemos”).
Por detrás de un giro de terciopelo, una reverencia.
Una mano enguantada, un brazo invitando.
Y conduciéndola del talle,
se van.
(el ruido y las luces persisten en sus ojos y sus andares, pero se escuchan ya sólo sus tacos)
La ve dotada y respira su entusiasmo inocente. Ha leído en ella que puede sentir, como él, la belleza en las sombras, las columnas y las arcadas ojivales, la humedad y la historia que se agita como polvo al pasar.
Ella no vio nunca tal elocuencia muda. Es magia su porte, y si gira la cabeza, el gesto es de anciano, joven o garza. "Herr, lehre doch mich!"
-Los has visto, se divierten. Pero sólo se asoman; del caos es lo único que toman.
Viven en una noche las posibles vidas que quisieron. Nosotros ahora abrazaremos lo que ellos repelen con miedo.
El guía es guía porque conoce el camino pero no puede retornar a la superficie sino para dar la llave a alguien más. La guiada lo es porque sucumbió; la eleva, la corrompe, la arroja, la ilumina. La sangre se le inflama mientras él corre los velos de la ciudad en carrera furiosa.
Le enseñó a querer morir después del éxtasis, por evitar ese dolor que produce bajar al mundo, declinar. Y -aún presintiendo que él nunca lo haría- a desear que nunca se quite la máscara.
2 comentarios:
Sólo agrego algunas palabras para desearte un buen destino allá. Que sea un buen comienzo, para todo lo que estás buscando.
¿quién publicó el comentario de arriba? Ya no tengo la clave del blog...
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