Cantando bajo tu calor
se crió un ser maravilloso
que tenía alas cuando así quería.
Todas las tardes se emocionaba
por la luz y la vida
y esa era su religión.
Todo florecía a su paso
y no había nada mejor que coincidir con él en los caminos.
Sin darse cuenta era como el Sol:
un fuego constante.
Y recibía lo que recibe el Sol:
el agradecimiento de todo lo que nace y muere bajo sus brazos.
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