17 de agosto de 2007

Actualización/resurrección

No esperen relato, ando con la cabeza en otra cosa. Esta entradita es para comentar un poco el viaje a Venezuela (no se ofendan, pero me da fiaca contarle todo a todos 25 veces, y me olvido detalles). Para el que no sabía, me fui en viaje de estudios cellísticos al curso de verano que organiza anualmente la Academia Latinoamericana de Violoncello. Estuvo fantástico: clases todos los días, cada día con un profe distinto, trabajando Popper/Bach y un concierto (en mi caso Boccherini en Si b M), en un hotel con una vista maravillosa desde la cima de una montaña (¡y se podía estudiar en el parque...!), una comida super... todo lo que se necesita para estar diez puntos. Los maestros son todos cellistas increíbles: estaba el guía de la Filarmónica de Viena, y el del Capitole de Toulouse -fuera de serie-, además de los venezolanos, que son monumentales. Pero los últimos me sorprendieron además por el altísimo nivel pedagógico que tienen. La primera semana fue de estudio, clases y ensamble de cello, para aclimatarse un poco. Una de las noches se hizo un concierto de música tradicional venezolana (Eddie Marcano y grupo) que nos dejó afónicos, alegres y con las manos dolidas de tanto vivar. Y otra nos llevaron al teatro Teresa Carreño a escuchar el cuarteto Quadrivium. Fenomenal (más allá de que interpretaran el octavo cuarteto de Shostakovich, que es mi perdición, y el quinteto de Schubert para dos cellos, que también me encanta).
La segunda arrancaron los conciertos en el auditorio. Todos tuvimos que tocar, y el auditorio era casi estrictamente de cellistas... así que nada de presión! : P Los dos primeros días fueron de cello solo. Nunca me sentí tanto con un hechizo piernas de gelatina como esa vez = ). Pero bien, al final. Había tenido clase con el francés y, muy macanudo él, me llenó de cosas nuevas justo antes del concierto. Tienen ritmos muy distintos a los nuestros, "aprietan las clavijas" hasta que uno queda con el encefalograma plano, de forma que en las dos horas que tuve de estudio, tuve que internalizar las indicaciones para el Bach de la noche. Reconozco que sólo en esas situaciones conoce uno su verdadera capacidad de estudio.
Después vinieron las dos noches de concierto con piano, y fue ahí donde vi realmente cómo tocaban los chicos, sobre todo los venezolanos: impresionante, tanto técnica, como musicalmente. Y no hay competitividad más que la sana, y los venezolanos en general son muy amables. Creo que si se descarta la ciudad de Caracas, que es casi sobrecogedora por lo gris, insegura y caótica, es el lugar ideal para estudiar.
El último viernes fue el concierto del ensamble de cellos. Si mal no recuerdo hicimos un aria de Bach, Oblivion, una gavota simpática, una serenata muy linda, y para cerrar la bachiana nº1 de Villa-Lobos, que salió bastante bien, dada la dificultad de la obra.
Esa misma noche, después del concierto, llegó la fiesta de fin del curso. Fuentes de chocolate blanco y negro donde bañar frutas, baile carioca con garotas, animación, muuucho baile, arlequines que saltaban en zancos (prácticamente surrealista, sobre todo al principio). La verdad que una noche genial, con gente genial, música genial... Un cierre hermoso a un curso que valió la pena por todo: la gente y su calidad humana, el nivel académico, el lugar. Aunque... qué se podía esperar de un grupo de cellistas? ; P

Ni bien aparezcan en youtube los conciertos y clases magistrales, paso la dirección.

À la prochaine...