26 de agosto de 2011

Carnaval

Los trajes y las maneras de otras épocas,
la musica en la plaza, el dux, Quasimodo en gloria,
un león obsceno eructando, el aleteo de un abanico,
el baile embriagador,
los reojos y la risa loca.

La libertad y el vértigo de no ser más uno,
como acercándose a la muerte
(Borges dijo “la muerte que no conocemos”).

Por detrás de un giro de terciopelo, una reverencia.
Una mano enguantada, un brazo invitando.
Y conduciéndola del talle,
se van.
(el ruido y las luces persisten en sus ojos y sus andares, pero se escuchan ya sólo sus tacos)

La ve dotada y respira su entusiasmo inocente. Ha leído en ella que puede sentir, como él, la belleza en las sombras, las columnas y las arcadas ojivales, la humedad y la historia que se agita como polvo al pasar.

Ella no vio nunca tal elocuencia muda. Es magia su porte, y si gira la cabeza, el gesto es de anciano, joven o garza. "Herr, lehre doch mich!"

-Los has visto, se divierten. Pero sólo se asoman; del caos es lo único que toman.
Viven en una noche las posibles vidas que quisieron. Nosotros ahora abrazaremos lo que ellos repelen con miedo.

El guía es guía porque conoce el camino pero no puede retornar a la superficie sino para dar la llave a alguien más. La guiada lo es porque sucumbió; la eleva, la corrompe, la arroja, la ilumina. La sangre se le inflama mientras él corre los velos de la ciudad en carrera furiosa.


Le enseñó a querer morir después del éxtasis, por evitar ese dolor que produce bajar al mundo, declinar. Y -aún presintiendo que él nunca lo haría- a desear que nunca se quite la máscara.

24 de agosto de 2011

Culto al Sol

Cantando bajo tu calor
se crió un ser maravilloso
que tenía alas cuando así quería.
Todas las tardes se emocionaba
por la luz y la vida
y esa era su religión.

Todo florecía a su paso
y no había nada mejor que coincidir con él en los caminos.

Sin darse cuenta era como el Sol:
un fuego constante.
Y recibía lo que recibe el Sol:
el agradecimiento de todo lo que nace y muere bajo sus brazos.

17 de agosto de 2007

Actualización/resurrección

No esperen relato, ando con la cabeza en otra cosa. Esta entradita es para comentar un poco el viaje a Venezuela (no se ofendan, pero me da fiaca contarle todo a todos 25 veces, y me olvido detalles). Para el que no sabía, me fui en viaje de estudios cellísticos al curso de verano que organiza anualmente la Academia Latinoamericana de Violoncello. Estuvo fantástico: clases todos los días, cada día con un profe distinto, trabajando Popper/Bach y un concierto (en mi caso Boccherini en Si b M), en un hotel con una vista maravillosa desde la cima de una montaña (¡y se podía estudiar en el parque...!), una comida super... todo lo que se necesita para estar diez puntos. Los maestros son todos cellistas increíbles: estaba el guía de la Filarmónica de Viena, y el del Capitole de Toulouse -fuera de serie-, además de los venezolanos, que son monumentales. Pero los últimos me sorprendieron además por el altísimo nivel pedagógico que tienen. La primera semana fue de estudio, clases y ensamble de cello, para aclimatarse un poco. Una de las noches se hizo un concierto de música tradicional venezolana (Eddie Marcano y grupo) que nos dejó afónicos, alegres y con las manos dolidas de tanto vivar. Y otra nos llevaron al teatro Teresa Carreño a escuchar el cuarteto Quadrivium. Fenomenal (más allá de que interpretaran el octavo cuarteto de Shostakovich, que es mi perdición, y el quinteto de Schubert para dos cellos, que también me encanta).
La segunda arrancaron los conciertos en el auditorio. Todos tuvimos que tocar, y el auditorio era casi estrictamente de cellistas... así que nada de presión! : P Los dos primeros días fueron de cello solo. Nunca me sentí tanto con un hechizo piernas de gelatina como esa vez = ). Pero bien, al final. Había tenido clase con el francés y, muy macanudo él, me llenó de cosas nuevas justo antes del concierto. Tienen ritmos muy distintos a los nuestros, "aprietan las clavijas" hasta que uno queda con el encefalograma plano, de forma que en las dos horas que tuve de estudio, tuve que internalizar las indicaciones para el Bach de la noche. Reconozco que sólo en esas situaciones conoce uno su verdadera capacidad de estudio.
Después vinieron las dos noches de concierto con piano, y fue ahí donde vi realmente cómo tocaban los chicos, sobre todo los venezolanos: impresionante, tanto técnica, como musicalmente. Y no hay competitividad más que la sana, y los venezolanos en general son muy amables. Creo que si se descarta la ciudad de Caracas, que es casi sobrecogedora por lo gris, insegura y caótica, es el lugar ideal para estudiar.
El último viernes fue el concierto del ensamble de cellos. Si mal no recuerdo hicimos un aria de Bach, Oblivion, una gavota simpática, una serenata muy linda, y para cerrar la bachiana nº1 de Villa-Lobos, que salió bastante bien, dada la dificultad de la obra.
Esa misma noche, después del concierto, llegó la fiesta de fin del curso. Fuentes de chocolate blanco y negro donde bañar frutas, baile carioca con garotas, animación, muuucho baile, arlequines que saltaban en zancos (prácticamente surrealista, sobre todo al principio). La verdad que una noche genial, con gente genial, música genial... Un cierre hermoso a un curso que valió la pena por todo: la gente y su calidad humana, el nivel académico, el lugar. Aunque... qué se podía esperar de un grupo de cellistas? ; P

Ni bien aparezcan en youtube los conciertos y clases magistrales, paso la dirección.

À la prochaine...

22 de enero de 2007


Y el mar... un imán para nostálgicos. O para suicidas. O para flacos perros carroñeros que buscan pescados podridos.
Oh, Mar! Cómo extraño visitarte de noche, mojándome los pies en tus promesas y mediocridades humanas mal guardadas. Las promesas se evaporan con el sol, y las mediocridades emergen solas, si es que no flotan ya, para que algún pudoroso pretenda hacerse cargo de lo que no puede soportar solo.
¡Ascos! Yo no soy muy pudorosa. No me avergüenzo, acaricio a mis mediocridades en el lomo pegajoso (a veces las pellizco; uno no puede ser todo lo que desea, pero puede intentarlo). ¡Pero por fuerza hay que conocerse! Me da tanta repugnancia, la puta pretensión. No soy tolerante con el que da todo sin quedarse con nada, es una pileta de agua estancada. Pero lo soy menos con el débil en su chancha autocomplacencia moral, socialmente aceptada. Quiero hombres comunes de carne y hueso, de sangre, vómito y nervios. Y sin embargo yo... ¡Espero no encontrarme con alguien como yo! -¡Qué vergüenza, en el reflejo y la denuncia expositiva! Quiero en mi cuerpo un órgano encargado de secretar curiosidad y poder vital eternamente. Sólo eso podría salvarme.

-¿No tenés miedo de que los amores rechacen tu moral deforme?
-¡Si! Y ya me pasó... Esconderse es frustrante... no me quieren como soy totalmente.

15 de noviembre de 2006

El proceso de comprensión y aceptación
Juana, sentada en la cama, ve que unas hojas secas de cuaderno se empiezan a mover en círculo en el centro de su habitación. Se agarra la cabeza; se la ve impresionada y aterrorizada. Las luces del velador y la pequeña araña titilan rápidamente, haciendo que los colores cambien. Se escucha a altísimo volumen la interferencia de una radio mal sintonizada. Un bebé sale de la pared gruñendo y amenazando con sus dientes afilados y sus uñas negras. Mientas tanto, cacharros empiezan a golpear las paredes, y Juana se tropieza en su vestido de terciopelo negro, pero no se cae: se enrosca en los adornos colgantes que, como hiedra, envuelven su cabello alborotado y sus brazos. El remolino de viento crece y carga con todo y el ruido es atronador. Explotan aparatos, estallan bombillas. Agua empieza a aparecer, y sube dando vueltas en el remolino y arrastrando sillas y vidrios rotos. La primavera se consagra, mientras Juana, golpeándose con los marcos de las puertas, intenta agarrarse de alguna manija. El espejo que cubre todo el techo de la habitación hace que el caos crezca descontroladamente. Los libros son aves que pierden plumas en el alboroto, y esas plumas cortan a Juana en la cara y los brazos.
De repente, el nivel del agua baja y el huracán es vendaval, corriente, ráfaga, brisa. Las cosas inanimadas se desaniman, lo sobrenatural desaparece y lo caótico de ordena.
Juana, arrasada en lágrimas, termina de entender que su perro se murió. Se seca con un pañuelo la cara y se para. Le costó mucho aceptar, y además lo hizo en poco tiempo.

9 de noviembre de 2006

Despertar por Artaud
No explotar. No vomitarlos, expulsar lo que me achica. No entender del todo cómo servir a la causa. No sobrevolar para tener la panorámica objetiva que está ligada a mi absoluta subjetividad, a mi misma en profundidad y total libertad.
No superarlo todo. No desatarme. No sacármelo todo de encima de un acomodo de plumas, como el sacudimiento de un pato al secarse. Soy el pato que no desarrolló la estabilidad suficiente como para sacudirse sin perder el equilibrio.
¿Cómo consigo la estabilidad? ¿O voy a estar siempre empapada de encierros, chorreando ahogos espirituales?
No quiero resignarme, pero lo hago diariamente. A no volar. A que la magia se me escurra de las manos como arena.